A vueltas con el aquelarre latinoché de Pedro en Barcelona, la politología más atenta ya ha señalado el enésimo volantazo de nuestro Socialista Internacional, que ya es todo lo que queda de la Internacional Socialista. Un presidente sobrado de imputados y falto de presupuestos que viaja por el mundo predicando la paz para no asumir las consecuencias domésticas del guerracivilismo que él exhumó y que lo inhumará en un año. Poco nos parecen los 200 pavos en maquillaje que gasta nuestro superhéroe -yo sospecho que es de los que se maquillan también para estar por casa-, teniendo en cuenta los estragos venideros de la agenda judicial y del calendario electoral.
Que el último socialista europeo decida mutar en populista tropical responde al mismo mecanismo de supervivencia por el que aquel jacobino que prometió traer a Puigdemont terminó amnistiándolo desde la colina de una plurinacionalidad recién descubierta. Ya sabemos que Pedro va desplazando sus principios a medida que presiente sus finales. Y hace bien en buscar curro de lobista de dictadura para cuando le chapen el negocio las democracias, empezando por la nuestra. Menos capitalista parecía Zapatero y hoy factura medio kilo por análisis irrelevantes sacados de Google.